Comprar una casa en Argentina requiere 22 años de ingresos: cómo reducir ese tiempo a la mitad
Un informe ubica al país entre los peores del mundo en accesibilidad habitacional. El asesor Matías Daghero analiza las claves del regreso del crédito hipotecario, los riesgos de las compras en pozo y el impacto de pasar del ahorro tradicional a la inversión.

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Acceder a una vivienda propia en Argentina es cada vez más difícil. Según un informe de ONU-Habitat citado por el asesor financiero Matías Daghero, un trabajador argentino necesita, en promedio, 22 años de ingresos completos para comprar una casa, una cifra que ubica al país entre los peores del mundo en términos de accesibilidad habitacional.
El dato contrasta con otras economías. En Estados Unidos, por ejemplo, el tiempo promedio es de 4,5 años; en Uruguay, de 13,7; y en Arabia Saudita, apenas tres. De acuerdo con ese relevamiento, Argentina ocupa el puesto 169 entre 181 países analizados.
Para Daghero, sin embargo, el problema no se explica únicamente por la realidad económica del país.
«El problema no es solo el país. Es también cómo ahorramos», sostiene, al plantear que la estrategia financiera elegida por quienes buscan comprar una propiedad puede tener un impacto determinante sobre los tiempos necesarios para alcanzar ese objetivo.
El regreso del crédito hipotecario
El especialista considera que uno de los cambios más importantes de los últimos años fue la reactivación del mercado hipotecario a través de los préstamos UVA.
Según explica, actualmente existen alrededor de 14 entidades financieras que ofrecen líneas de crédito con plazos de hasta 30 años, aunque advierte que acceder a ellas continúa siendo un desafío para una gran parte de la población.

Entre los principales requisitos menciona:
- que la cuota inicial no supere el 25% de los ingresos familiares;
- contar con ingresos formales suficientes;
- mantener un historial crediticio sin incumplimientos;
- y evaluar cuidadosamente las diferencias de tasas entre bancos, que pueden oscilar entre UVA +4,5% y UVA +17%.
Además, recuerda que las cuotas se actualizan por inflación y que, aunque existen mecanismos para evitar un descalce excesivo entre salarios y cuotas, éstos implican generalmente extender el plazo del préstamo.
«El crédito hipotecario dejó de ser una utopía, pero sigue exigiendo ingresos formales, historial limpio y disciplina financiera. No es magia; es una herramienta que hay que entender antes de firmar», resume.
La diferencia entre ahorrar e invertir
Más allá del financiamiento, Daghero sostiene que uno de los errores más frecuentes consiste en mantener inmovilizado el dinero destinado a la compra de una vivienda.
Su propuesta es construir una cartera diversificada mientras se reúne el capital necesario para el anticipo o para la compra de contado.
La estrategia contempla combinar distintos instrumentos de acuerdo con el horizonte de inversión:
- activos conservadores y líquidos para necesidades de corto plazo;
- Cedears o acciones de empresas internacionales para objetivos de largo plazo;
- bonos y Obligaciones Negociables para obtener renta en dólares.
Como ejemplo, relata el caso de un cliente que había reunido US$ 30.000 para el anticipo de una vivienda y proyectaba ahorrar otros US$ 500 mensuales.

Según sus cálculos, manteniendo únicamente ese esquema de ahorro habría necesitado aproximadamente 14 años para alcanzar los US$ 100.000 buscados. En cambio, al incorporar una cartera de inversiones con un rendimiento proyectado del 9% anual en dólares —basado en promedios históricos del mercado estadounidense— el plazo estimado se redujo a seis años.
El propio Daghero aclara que los rendimientos históricos no garantizan resultados futuros, aunque sostiene que una planificación de largo plazo puede acelerar significativamente el proceso de acumulación de capital.
La advertencia sobre las compras «en pozo»
Otro de los puntos sobre los que pone el foco es la adquisición de propiedades en pozo.
Aunque reconoce que puede representar una oportunidad en determinados casos, considera que implica concentrar todo el patrimonio en un único activo y asumir riesgos vinculados al desarrollo de la obra y a la situación financiera de la empresa constructora.
«Si vas a entrar en un esquema en pozo, no estás comprando tu casa; estás apostando tu capital a una inversión de alto riesgo», afirma.

En ese sentido, señala que prefiere estrategias diversificadas mediante instrumentos financieros regulados antes que depender exclusivamente del éxito de un desarrollo inmobiliario.
Para Daghero, la conclusión es clara: en un contexto donde comprar una vivienda resulta cada vez más desafiante, la diferencia no pasa únicamente por cuánto se ahorra, sino por cómo se administra ese ahorro durante el camino hacia la casa propia.
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