Con más de US$ 37.000 millones pendientes de liquidación, el campo vuelve al centro de la economía
Salvador Di Stéfano sostiene que el comportamiento del sector agropecuario será determinante para fortalecer las reservas, estabilizar el dólar y contener las presiones inflacionarias en el segundo semestre.

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La evolución de la economía argentina durante la segunda mitad del año tendrá un protagonista excluyente: el campo. Esa es la principal conclusión del último análisis elaborado por el consultor Salvador Di Stéfano, quien considera que las decisiones de venta de los productores agropecuarios serán determinantes tanto para la acumulación de reservas del Banco Central como para la dinámica del tipo de cambio y la inflación.
El diagnóstico llega en un contexto en el que el Gobierno busca consolidar el proceso de estabilización macroeconómica luego de cumplir con los compromisos de deuda soberana y fortalecer el balance del Banco Central.
Según Di Stéfano, la autoridad monetaria logró una sólida performance en lo que va del año gracias a una combinación de factores: las compras de divisas en el mercado, el ingreso de financiamiento de organismos internacionales y el aporte extraordinario de las exportaciones energéticas, favorecidas por los elevados precios internacionales del petróleo.
Como resultado, las reservas internacionales alcanzan los US$ 48.722 millones y se encaminan a superar la barrera de los US$ 50.000 millones, uno de los objetivos centrales de la política económica para este año.
El Banco Central necesita que el agro venda más
El economista destaca que el Banco Central compró US$ 11.440 millones en apenas 123 jornadas de 2026, con una fuerte concentración durante el período de mayor liquidación de la cosecha gruesa.
En abril adquirió US$ 2.769 millones; en mayo, US$ 2.596 millones; en junio, US$ 1.418 millones; y durante los primeros días de julio ya sumó otros US$ 337 millones.
No obstante, recuerda que la meta oficial ronda los US$ 17.000 millones, por lo que aún faltarían incorporar alrededor de US$ 5.560 millones antes de finalizar el año.
«A primera vista luce muy probable que se cumpla», sostiene el analista, aunque advierte que para alcanzar ese objetivo será indispensable una mayor liquidación de exportaciones agrícolas.

Y allí aparece el principal interrogante.
Actualmente, según sus cálculos, todavía quedan sin comercializar:
- 15,3 millones de toneladas de trigo.
- 52,2 millones de toneladas de maíz.
- 48,2 millones de toneladas de soja.
A valores actuales, ese volumen representa más de US$ 37.000 millones potenciales de exportaciones, aunque Di Stéfano aclara que difícilmente todo ese stock se liquide durante este año, ya que una parte suele conservarse para la campaña siguiente.
¿Por qué los productores siguen esperando?
El informe sostiene que el productor agropecuario hoy toma sus decisiones observando tres variables principales.
La primera es el comportamiento climático en Estados Unidos. Un deterioro de los cultivos del hemisferio norte reduciría la oferta mundial de soja y maíz y podría impulsar una fuerte recuperación de los precios internacionales.
La segunda variable es el tipo de cambio.
Para el economista, buena parte del sector considera insuficiente la evolución del dólar durante este año.
Mientras la inflación acumuló cerca de 14,7% durante el primer semestre, el tipo de cambio apenas avanzó 1,7%, una diferencia que redujo los incentivos para vender la producción.
El tercer factor es el fuerte incremento de los costos logísticos.
El precio del gasoil pasó de $1.538 por litro a fines de 2025 a $2.115 al cierre de junio, un aumento cercano al 37,5%, lo que encarece significativamente el traslado de los granos hacia los puertos.
A esto se suma una evolución poco favorable de los precios en moneda local.
En lo que va del año, la soja cayó 5,9% en pesos, el maíz retrocedió 8,2% y únicamente el trigo muestra una mejora, con un incremento del 12,9%.
«Bajo este cuadro de precios relativos el productor no va a liquidar», resume Di Stéfano.
El dólar podría encontrar presión alcista
La consecuencia inmediata de una menor liquidación sería una menor oferta de divisas en el mercado cambiario.
Por eso, el analista entiende que, si el agro continúa postergando ventas, el tipo de cambio podría comenzar a mostrar una mayor presión alcista durante el segundo semestre.
¿Qué podría modificar ese comportamiento?
Di Stéfano identifica tres posibles disparadores:
- una recuperación de los precios internacionales de los granos;
- una reducción del costo del combustible;
- una aceleración del dólar.
Cualquiera de esos factores mejoraría la rentabilidad del productor y aumentaría los incentivos para comercializar la cosecha.
La carne, un nuevo riesgo para la inflación
El otro foco de preocupación del informe está puesto en el mercado ganadero.
Di Stéfano advierte que actualmente se observa una fuerte retención de vientres, un comportamiento habitual cuando los productores proyectan una mejora sostenida en los precios.
Sin embargo, esa decisión reduce la oferta inmediata de hacienda para faena y podría traducirse en un importante incremento del precio de la carne durante la segunda mitad del año, especialmente a partir de septiembre.

El impacto no se limitaría únicamente a la carne vacuna.
El consultor advierte que un aumento significativo también terminaría trasladándose a productos sustitutos como el cerdo y el pollo, agregando presión sobre el índice de inflación.
El escenario se ve reforzado por un contexto internacional donde también existe escasez de oferta bovina.
Como referencia, señala que el precio del ternero ya alcanza los US$ 4 por kilo, un valor récord que, según su visión, todavía podría seguir aumentando.
Bonos, riesgo país y acciones
Más allá del frente agropecuario, Di Stéfano también analiza el panorama financiero.
Destaca el reciente pago de los vencimientos de deuda y observa con interés la próxima licitación del bono AO29, que ofrecería una renta mensual del 0,5%, equivalente a un rendimiento anual del 6%, con una tasa interna estimada cercana al 8,5%.
En ese contexto recomienda mayor prudencia para los inversores.
Considera que quienes aprovecharon el rally de los bonos ya obtuvieron importantes ganancias y entiende que este puede ser un buen momento para reducir el nivel de apalancamiento, tomar utilidades o cancelar deudas.
Al mismo tiempo, sostiene que si el riesgo país continúa descendiendo y el Gobierno sigue fortaleciendo las reservas internacionales, podrían mejorar las valuaciones de las empresas argentinas.
«No descartemos que estemos ante la presencia de la hora de las acciones», afirma.
Un equilibrio delicado para el Gobierno
Como reflexión final, Di Stéfano plantea que el desafío del Ejecutivo no pasa únicamente por conseguir más dólares, sino por administrar recursos limitados en un contexto de múltiples demandas.
Mientras jubilados reclaman mayores ingresos, empresarios solicitan una reducción de impuestos, inversores exigen más reservas y la sociedad demanda infraestructura, el Estado enfrenta restricciones presupuestarias que obligan a priorizar.
Desde esa perspectiva, sostiene que la administración eficiente de los recursos públicos resulta clave para sostener la estabilidad alcanzada.
Su conclusión es contundente: durante el segundo semestre, el comportamiento del campo no sólo definirá el ritmo de acumulación de reservas del Banco Central, sino que también tendrá un papel determinante sobre el dólar, la inflación y las expectativas de la economía argentina.
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