Encuesta: qué expectativas tienen los argentinos sobre la economía de los próximos meses
Según el último relevamiento de Latam Pulse, la percepción negativa domina tanto sobre la situación actual como sobre las expectativas a seis meses. El empleo es el eje más crítico: 77% evalúa mal el mercado laboral.

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La economía argentina continúa bajo una lupa social implacable. La percepción sobre la situación actual sigue fuertemente deteriorada y las expectativas a corto plazo no logran revertir ese clima. Así lo refleja el informe Latam Pulse Argentina, elaborado por Atlas Intel en colaboración con Bloomberg, que aporta nuevos datos al diagnóstico que hacen los propios argentinos sobre su realidad económica.
En un contexto donde se multiplican los reportes sobre crecimiento de la morosidad, caída del consumo y baja en la confianza del consumidor, el relevamiento confirma que el malestar no es solo estadístico, sino también perceptivo.
Una evaluación negativa generalizada
El diagnóstico sobre el presente es contundente: el 62% de los argentinos califica como mala la economía del país, frente a apenas un 22% que la considera buena.
El impacto trasciende el plano macroeconómico. El 57% evalúa negativamente la situación económica de su familia y el dato más crítico aparece en el frente laboral: el 77% considera que el mercado de trabajo atraviesa una mala situación.
La fotografía actual revela una percepción extendida de fragilidad. Aunque algunos indicadores oficiales muestren señales de estabilización, la mayoría de los encuestados no percibe mejoras concretas en su vida cotidiana.
A seis meses, predomina el pesimismo
Las expectativas tampoco muestran un giro optimista claro. De cara a los próximos seis meses:
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El 50% cree que la economía argentina empeorará.
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El 55% anticipa un mayor deterioro del mercado laboral.
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El 48% espera que la situación económica de su familia sea peor.

Solo el 37% confía en que la economía general mejorará en ese período. En empleo, el optimismo desciende al 34%, y en economía familiar al 30%. El bloque pesimista continúa siendo mayoritario en todas las dimensiones.
El dato no es menor: en economía, las expectativas funcionan como motor del consumo, la inversión y las decisiones cotidianas. Sin una mejora en la percepción futura, la recuperación enfrenta un obstáculo adicional.
Corrupción, desempleo e inflación: el podio de las preocupaciones
En cuanto a las principales inquietudes sociales, el ranking combina factores económicos e institucionales. La corrupción encabeza la lista con el 43,9%. En segundo lugar aparece el desempleo (37,8%), seguido por los altos precios y la inflación (35,5%).
La inflación continúa siendo una preocupación estructural. El índice Atlas-CPI muestra que, si bien la percepción inflacionaria bajó respecto de los picos previos, se mantiene en niveles elevados y las expectativas a seis meses no reflejan un anclaje completo.
En paralelo, el desempleo emerge como una angustia transversal, coherente con el 77% que evalúa negativamente el mercado laboral. El temor a la pérdida de empleo o a la falta de oportunidades actúa como freno en las decisiones de gasto.
Un dato que refuerza esta tendencia es que en 2026 el presupuesto destinado a seguros de desempleo creció 671% respecto a 2023, lo que da cuenta de la mayor presión social sobre el sistema de asistencia.

Confianza del consumidor en terreno negativo
El Índice de Confianza del Consumidor (Atlas-CCI), que combina evaluación de la situación actual y expectativas, se mantiene en zona negativa. En la comparación regional, Argentina figura entre los países con peores registros en febrero de 2026.
En términos prácticos, la percepción promedio se ubica por debajo del umbral considerado neutral u optimista. Predomina la cautela y la insatisfacción.
La intención de compra de bienes duraderos también refleja ese ánimo: las respuestas que indican “menos compras” superan a las que anticipan un aumento del consumo, señal de que el ajuste en los hogares continúa.
Brecha entre macro y percepción social
El relevamiento confirma una brecha persistente entre la estabilización macroeconómica y la percepción ciudadana. Aunque puedan observarse avances en variables fiscales o monetarias, la evaluación social sigue dominada por el malestar presente y el temor a un deterioro adicional.
El empleo aparece como el eje más sensible de la coyuntura. En síntesis, la radiografía de febrero de 2026 muestra una sociedad que todavía no percibe un cambio de ciclo: con un 62% que considera mala la economía actual y un 50% que cree que empeorará en seis meses, la confianza continúa siendo el eslabón más débil del proceso económico.
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