La agenda social muta en Argentina y el desempleo desplaza a la inflación como principal preocupación
De acuerdo con BBVA Research, la estabilidad cambiaria y el orden fiscal permitieron dejar atrás la fase más aguda del ajuste. Sin embargo, el rebote económico es heterogéneo y se concentra en sectores de baja intensidad laboral.

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El programa económico de la República Argentina consolida sus bases macroeconómicas mediante la convergencia de tres variables esenciales: el equilibrio de las cuentas públicas, la desaceleración inflacionaria y la continua acumulación de reservas internacionales por parte de la autoridad monetaria.
De acuerdo con el último informe de coyuntura elaborado por BBVA Research, la consistencia del esquema oficial logró neutralizar los principales desequilibrios heredados del período previo, reduciendo la volatilidad financiera y brindando un marco de mayor previsibilidad de cara al mediano plazo. El ordenamiento de las cuentas del Estado se mantiene como la principal ancla del proceso de desinflación, dotando de una solidez inusual a la gestión del frente cambiario.

Las proyecciones del servicio de estudios de la entidad financiera anticipan que el Gobierno cerrará el ejercicio de 2026 con un superávit fiscal primario equivalente al 1,5% del PBI, y prevén que replicará la misma meta porcentual para el año siguiente.
Este comportamiento quiebra una trayectoria histórica de déficits financieros recurrentes en la administración pública argentina, transformándose en un hito estadístico sumamente inusual para el país. De materializarse estos pronósticos, la economía nacional acumulará un ciclo inédito de cuatro años consecutivos con saldos primarios positivos, modificando de raíz la percepción de los mercados soberanos.
No obstante, los analistas de BBVA aclaran que la corrección inicial de las cuentas públicas se fundamentó de manera casi exclusiva en una profunda contracción y licuación del gasto primario. El gran desafío operativo para las autoridades radicará, a partir de ahora, en optimizar el entramado del gasto e impulsar los ingresos fiscales mediante el dinamismo de la propia actividad económica real, sin resentir la inversión en infraestructura productiva.
El informe destaca que el sotenimiento de este superávit fiscal financiero, estimado en un modesto pero positivo 0,1% del PBI para 2026 y 2027, será indispensable para amortiguar las vulnerabilidades que presenta el mediano plazo.
Crecimiento dispar y debilidad del mercado laboral
En términos de actividad agregada, las previsiones sectoriales apuntan a una consolidación gradual de la recuperación económica con una expansión proyectada del PIB del 3% tanto para 2026 como para 2027. Este sendero expansivo estará traccionado principalmente por la inversión privada y el excelente desempeño de los complejos exportadores, que compensarán la parálisis de los componentes internos.
A pesar del signo positivo, la recomposición del ingreso por habitante demandará varios años de crecimiento sostenido antes de recuperar el terreno perdido tras más de una década de estancamiento estructural y contracción del consumo masivo.

La reactivación económica del país presenta marcadas asimetrías tanto sectoriales como geográficas, lo que ralentiza el derrame de las mejoras hacia los indicadores sociales. El crecimiento actual se concentra fuertemente en las actividades extractivas primarias, como la agricultura, que anota un avance acumulado del 30,1% entre fines de 2023 y el primer trimestre de 2026, y la intermediación financiera, con una suba del 27,1%.
En el extremo opuesto, los sectores de alta intensidad de mano de obra permanecen en terreno recesivo, destacándose el desplome del 19% en la construcción y la caída del 2,9% en la industria manufacturera.
Esta particular composición del crecimiento ayuda a explicar la debilidad persistente que exhibe el mercado de trabajo formal en las principales zonas urbanas. Al demandar poco personal directo, el auge del petróleo, el gas y la minería no alcanza a compensar la destrucción de puestos en los rubros de la construcción y los servicios fabriles tradicionales.
Mutación de demandas y desaceleración de precios
El freno en el encarecimiento diario de los bienes y servicios modificó sustancialmente la agenda de preocupaciones de la sociedad argentina. La brusca reducción de la tasa de inflación desplazó el foco de las demandas colectivas hacia el mercado de trabajo, ubicando al desempleo y a la precarización laboral en el centro del debate comunitario.
Para consolidar las expectativas de la población ante el tramo electoral de 2027, BBVA Research destaca que la mejora macroeconómica deberá traducirse de manera obligatoria en una recomposición visible de los salarios reales y en una creación neta de puestos de trabajo genuinos.
Los datos de precios confirman que la desaceleración de la inflación retomó una trayectoria descendente durante el segundo trimestre del año, dejando atrás las tensiones transitorias anotadas a comienzos de 2026. El reporte de la entidad de análisis estima que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) cerrará este año con una variación anual del 29%, proyectando una convergencia aún mayor hacia el 20% para diciembre de 2027.
La estabilidad en el mercado de cambios y la absorción de los desequilibrios monetarios heredados operan como los pilares de este proceso, aunque la velocidad de caída de los precios será más gradual de aquí en adelante.

El avance de la desinflación convive con un proceso complejo de reordenamiento de los precios relativos que todavía no se encuentra completamente finalizado en la economía doméstica. Las tarifas de los servicios públicos regulados, como la vivienda, el agua, la electricidad y los combustibles, arrastran rezagos históricos considerables frente a la inflación núcleo, lo que obliga a ajustes periódicos que introducen rigidez al indicador general.
Asimismo, la normalización de las variables monetarias permitió al Banco Central convalidar una baja de la tasa de interés de política de referencia hacia el 21% anual en diciembre, proyectando un sendero que reconstituirá los rendimientos reales positivos en torno al 5% anual.
Transformación externa y exigencias financieras
La balanza comercial de la República Argentina transita una mutación de carácter estructural asociada a la explotación masiva de recursos no tradicionales. Si bien el complejo agroindustrial sojero continúa liderando las ventas de bienes al exterior con una participación del 24,6% del total facturado, el bloque conformado por el petróleo y el gas de Vaca Muerta (12,5%) junto a la minería metalífera y de litio (8,2%) ganan un protagonismo decisivo. El sector energético logró revertir décadas de déficit crónico, consolidando un superávit en la balanza comercial de combustibles que redefinirá el potencial exportador del país durante los próximos diez años.
Esta notable performance en la generación de divisas comerciales fortalece de manera directa la posición externa de la economía y reduce el histórico estrangulamiento cambiario que frenaba el desarrollo local. El stock de reservas internacionales brutas experimentó una mejora sensible gracias a la continua compra de dólares por parte del Banco Central, acumulando USD 11.000 millones en lo que va del año.
Sin embargo, el punto de partida continúa siendo sumamente exigente en términos comparativos, dado que los niveles de reservas de la Argentina equivalen apenas al 6% de su PBI, situándose muy por debajo del promedio regional de Latinoamérica que promedia el 14,6%.
De acuerdo con las estimaciones cambiarias de BBVA, el tipo de cambio oficial nominal cerrará el año 2026 en un valor de $1.760 por dólar estadounidense, consistente con una pauta de depreciación gradual administrada que evite una apreciación real excesiva de la moneda local.
El mantenimiento de este esquema sólido y previsible resultará clave para estabilizar el balance de la cuenta corriente por debajo del -0,3% del PBI antes de ingresar a un cronograma financiero complejo.
A partir de 2027, el perfil de vencimientos en moneda extranjera con bonistas privados y organismos internacionales se volverá significativamente más exigente, requiriendo un mercado de capitales local fortalecido para refinanciar las obligaciones sin recurrir a disrupciones cambiarias.
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