Menos expansión, más preservación: cómo la industria de Córdoba busca sobrevivir a la caída de la demanda
Según el último informe de UIC, el 43% de las industrias retrocedió en su producción. Frente a la falta de ventas y el escaso crédito, las empresas se vuelcan al autofinanciamiento y a inversiones de supervivencia.

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La industria de la provincia de Córdoba atraviesa un período signado por la cautela y la reorganización de prioridades. Los datos correspondientes al segundo trimestre de 2026, elaborados por el Observatorio «Pulso Productivo» de la Unión Industrial de Córdoba (UIC) junto a la consultora Perspectivas Sociales, trazan la radiografía de un sector que, lejos de rendirse, redefine el concepto de resiliencia pasando de una postura de expansión a una estrictamente defensiva.
«Los resultados muestran una industria que conserva capacidades, pero encuentra cada vez menos margen para desplegarlas… La prioridad deja de ser crecer y pasa a ser preservar competitividad. El costo percibido de perder lo construido es hoy mayor que el beneficio esperado de apostar por una expansión», sintetiza Josefina Schapira, CEO de Perspectivas Sociales.
Sin tracción: la caída de la actividad no logra revertirse
Durante el segundo trimestre, la dinámica productiva continuó mostrando un sesgo contractivo. Un 43% de las empresas reportó caídas en sus niveles de producción con respecto al trimestre anterior, mientras que un 42% logró mantenerse estable. Solo un reducido 15% declaró incrementos en su actividad.
La comparación interanual refleja un cuadro aún más complejo: la mitad de las firmas (50%) afirma estar peor que en el mismo período del año pasado, contra un 20% que logró mejorar. Desde la entidad fabril advierten que no se trata de una fluctuación estacional, sino del impacto de problemas estructurales que continúan abarcando a más ramas industriales.
La demanda: el nuevo cuello de botella
Uno de los hallazgos más contundentes del relevamiento es el cambio en las preocupaciones de los empresarios. Por primera vez en las mediciones del Observatorio, la falta de demanda (46%) iguala en nivel de importancia a la presión impositiva (46%) como el principal obstáculo para operar.

Este viraje indica que el límite para producir ya no es únicamente el costo de hacerlo o la carga regulatoria, sino la creciente dificultad para transformar la capacidad instalada en ventas concretas. Le siguen en la lista de condicionantes la incertidumbre macroeconómica (22%), los costos laborales (22%), el costo financiero (18%), los costos energéticos (14%) y la apertura de importaciones (12%).
Frente a esta coyuntura, el clima socio-empresarial se muestra resentido: el 70% de los consultados se describe como «expectante o preocupado», un 21% considera que la situación actual es inviable y un 16% se siente «cansado y agotado». Apenas un 12% mantiene una postura confiada.
Financiamiento propio y foco en la eficiencia operativa
El informe pone de manifiesto la baja profundidad del crédito bancario tradicional para apalancar el desarrollo industrial. La gran mayoría de las pymes debe recurrir a recursos propios para financiar su operación diaria (entre el 56% y el 60% en micro, pequeñas y medianas empresas). El crédito bancario cobra relevancia casi exclusiva en estructuras de mayor envergadura (32% en medianas tramo 2 y 50% en grandes empresas).

En lo que respecta a las decisiones de capital para los próximos seis meses, la inversión ha perdido su carácter expansivo. Al consultar sobre las prioridades si tuvieran que asignar fichas de inversión, las empresas eligen abrumadoramente innovación y tecnología (prioridad para el 88% de las grandes y 74% de las medianas) y la renovación de maquinaria y equipo, acompañadas de un fuerte sesgo hacia el sostén del capital de trabajo en micro y pequeñas industrias (44%).

El empleo como amortiguador
El mercado laboral dentro del sector fabril funciona como el último dique de contención. Durante el trimestre, el 64% de las empresas mantuvo sin cambios su plantilla de trabajadores, un 26% registró reducciones y solo un 10% logró incorporar personal.
No obstante, el ajuste muestra brechas marcadas según la escala: las grandes empresas mostraron la mayor estabilidad con un 88% de nóminas invariables, mientras que las micro y pequeñas industrias sufrieron el mayor recorte (30% de caídas). La evidencia del estudio remarca que las desvinculaciones no actúan como una estrategia primaria, sino como una consecuencia tardía cuando el ahogo operativo y la capacidad ociosa resultan insostenibles.
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