Para CAMARCO, la inversión privada «no alcanza para reemplazar el rol del Estado» en infraestructura
Horacio Berra, presidente de la delegación cordobesa de la cámara, trazó un diagnóstico duro sobre el parate del sector a nivel federal, pero destacó el potencial a mediano plazo de la mano de la minería, el agro y el oil & gas.

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La industria de la construcción atraviesa un escenario de contrastes. Por un lado, la estabilización de variables macroeconómicas, la baja del riesgo país y el impulso de sectores como la minería y el oil & gas generan expectativas positivas sobre el mediano plazo. Por otro, la fuerte reducción de la inversión pública nacional y la escasa demanda privada mantienen a gran parte de las empresas constructoras operando con bajos niveles de actividad.
Así lo planteó Horacio Berra, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO) Delegación Córdoba, quien aseguró que la provincia continúa siendo una excepción dentro del escenario nacional gracias a la continuidad de obras de infraestructura impulsadas por el Gobierno provincial.
«Córdoba mantiene una fuerte vocación de inversión pública, con obras de gran impacto como la ampliación de la cárcel de Bower, las Universidades Provinciales, la Circunvalación de Río Cuarto, la autopista Ruta 19 y numerosas obras de saneamiento, energía e infraestructura básica«, destacó Berra.
En contraste, sostuvo que a nivel nacional «hay muy poco para decir en términos de ejecución de obra pública», aunque comenzó el proceso de concesión de los primeros corredores viales nacionales mediante inversión privada.

Un sector golpeado por la falta de actividad
Según el titular de CAMARCO Córdoba, la construcción continúa siendo una de las actividades más afectadas por el contexto económico.
La combinación entre la ausencia de nuevos proyectos públicos nacionales, la baja inversión privada y la retracción de industrias que históricamente demandaban obras dejó al sector con un margen muy reducido para generar nuevos negocios.
«El principal desafío es encontrar oportunidades dentro de un abanico muy pequeño e intentar mantener la estructura de las empresas hasta que aparezcan mejores condiciones», afirmó.
No obstante, Berra considera que el país mantiene un enorme potencial de crecimiento.
«Argentina tiene mucho por hacer. Si logra aprovechar las inversiones que llegarán con el oil & gas, la minería y el agro, todos esos sectores demandarán infraestructura adicional y eso significa más trabajo para las constructoras.»
Uno de los pocos indicadores que refleja cierta estabilidad es el empleo. De acuerdo con los datos del IERIC citados por Berra, el empleo formal de la construcción encontró un piso a nivel nacional, aunque la recuperación todavía no es generalizada.
En ese contexto, Córdoba aparece entre las provincias con mejor desempeño gracias al sostenimiento de la inversión pública. Mientras en gran parte del país el empleo continúa cayendo, la provincia registró una mejora interanual del 10%, impulsada por la ejecución de obras de infraestructura.
Uno de los puntos más críticos del diagnóstico de CAMARCO está vinculado con la política nacional de obra pública.

Berra cuestionó la decisión del Gobierno de reducir prácticamente a cero la inversión en infraestructura y sostuvo que, si bien comparte el objetivo del equilibrio fiscal, considera un error contabilizar la obra pública únicamente como gasto corriente.
«La infraestructura no es gasto, es inversión. Debe afrontarse como una inversión de capital que genera desarrollo, competitividad y mejora la calidad de vida durante décadas.»
Además, advirtió que la falta de mantenimiento de rutas, redes energéticas, infraestructura hidráulica y obras sociales implica una pérdida de capital que termina generando costos mucho mayores para el país.
En ese sentido, remarcó que la inversión pública sigue siendo insustituible, incluso en economías desarrolladas donde la participación privada tiene un rol relevante.
Consultado sobre la posibilidad de que el esquema de participación público-privada (PPP) compense la caída de la obra pública, Berra fue categórico.
Si bien considera que la inversión privada es indispensable para determinados proyectos rentables, entiende que no puede resolver por sí sola las necesidades de infraestructura de todo el país.
«La inversión privada es necesaria, pero pensar que va a solucionar el 100% de los problemas o reemplazar completamente la inversión pública es un error.»
Actualmente, explicó, el mayor dinamismo se concentra únicamente en provincias donde las inversiones mineras y petroleras impulsan nuevas obras, además de Córdoba, que mantiene un programa activo de infraestructura pública.

Costos estables, pero con escasa demanda
Respecto de la evolución de los costos, el presidente de CAMARCO señaló que la desaceleración de la inflación permitió una mayor estabilidad.
Incluso, indicó que las recientes variaciones del tipo de cambio prácticamente no tuvieron impacto sobre los precios de construcción.
Sin embargo, aclaró que el verdadero problema no son hoy los costos sino la falta de demanda.
Entre las principales preocupaciones de las empresas constructoras aparecen la ausencia de inversión pública nacional, el escaso financiamiento para desarrollos inmobiliarios y la baja actividad industrial.
En ese sentido, sostuvo que una mayor expansión del crédito hipotecario podría convertirse en un factor clave para reactivar los desarrollos privados y dinamizar toda la cadena de valor del sector.

Un mejor clima para invertir, pero con cuentas pendientes
Pese al complejo presente del sector, Berra reconoció que Argentina ofrece hoy mejores condiciones para invertir que hace un año.
La estabilidad macroeconómica, la reducción del riesgo país y herramientas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) generan un escenario más favorable para la llegada de capitales, especialmente en minería y energía.
No obstante, consideró que ese régimen debería ampliarse para alcanzar inversiones de menor escala y beneficiar a un mayor número de empresas.
En paralelo, reclamó al Gobierno nacional mayor diálogo con el sector y una planificación integral de la infraestructura, además del cumplimiento de las obligaciones pendientes con las empresas constructoras.
La síntesis de su diagnóstico quedó reflejada en una frase que resume el momento que atraviesa la actividad:
«La construcción está lista para ser protagonista del desarrollo que el país necesita, pero es necesario generar las condiciones para que ese potencial se convierta en obras.»
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