Qué sectores ganan con las políticas de Milei y cuáles se desploman
El análisis del primer trimestre de 2026 contra 2023 muestra un mapa de ganadores concentrados en la intermediación financiera y los servicios, frente al retroceso de la producción y el empleo industrial.

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La dinámica económica atravesada durante la gestión de La Libertad Avanza deja al descubierto una marcada heterogeneidad y una profunda redistribución de recursos entre las distintas actividades productivas. De acuerdo con el último dossier sobre transferencia de ingresos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) —que compara el primer trimestre de 2026 contra el mismo período de 2023 basándose en datos del INDEC—, la economía muestra una clara lógica de «ganadores y perdedores» atravesada por un crecimiento sin derrame hacia los trabajadores.
El informe analiza el Valor Agregado Bruto (VAB), indicador que mide el valor generado por la economía reuniendo salarios, rentas empresarias e impuestos. Entre los trimestres analizados, la economía general creció un 2,4% en términos reales (volumen físico) y acusó un salto del 685% en el nivel general de precios. Sin embargo, la brecha entre sectores responde principalmente a un ajuste de precios relativos más que a una expansión de la producción genuina.
El mapa de los «ganadores»: precios altos y baja tracción laboral
Los sectores «ganadores» definidos por el CEPA son aquellos que lograron incrementar su participación porcentual dentro de la actividad económica total. Con la sola excepción de la minería, la expansión de estos rubros se explicó casi exclusivamente por incrementos de precios por encima del promedio general:
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Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler: Fue el sector que más peso ganó sobre el VAB, sumando 3,16 puntos porcentuales para pasar del 10,75% al 13,91% de la economía. Su expansión nominal fue del 940%, con un modesto avance real del 4% en volumen físico y precios que subieron un 904%.
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Intermediación financiera: Ganó 2,33 puntos porcentuales de peso en la economía, alcanzando a explicar el 6,14% del VAB. Combinó una suba física del 20% con un alza en sus precios implícitos de casi 10 veces (+978%).
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Explotación de minas y canteras: Incrementó su participación del 4,08% al 5,17% del VAB (+1,09 puntos porcentuales). Fue el rubro de mayor impulso productivo, expandiendo su volumen físico un 30%.
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Electricidad, gas y agua: Creció impulsado por el reajuste tarifario. Sus precios volaron un 1138%, pese a que su producción física cayó un 2%.

Los «perdedores»: fuerte impacto en la producción y el empleo
En el otro extremo, las actividades vinculadas al mercado interno y la producción intensiva en mano de obra sufrieron un doble impacto: sus precios quedaron rezagados respecto de la inflación general y, al mismo tiempo, sufrieron severas caídas de producción:
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Industria manufacturera: Fue la rama más castigada, perdiendo 3,85 puntos porcentuales de participación en la economía (cayó del 18,93% al 15,07% del VAB). Registró un desplome del 11% en su volumen físico producido.
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Comercio mayorista, minorista y reparaciones: Cedió 2,46 puntos porcentuales de peso (pasando del 19,37% al 16,90%), con una contracción real del 3% en su nivel de actividad.
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Construcción: Retrocedió 0,65 puntos porcentuales en el VAB y experimentó una fuerte caída del 13,2% en su volumen físico, reflejando la paralización de la obra pública.
Crecimiento sin redistribución: la masa salarial quedó relegada
El estudio del CEPA hace hincapié en la masa salarial (resultado de multiplicar el salario medio por la cantidad de puestos de trabajo) para determinar cómo se reparte el ingreso entre el capital y el trabajo dentro de cada rubro.
Los tres sectores más ganadores (inmobiliario, finanzas y minería) explican en conjunto apenas el 19% de la masa salarial total de la economía. En cambio, los tres sectores perdedores (industria, comercio y construcción) concentran el 28% de la masa de salarios.
En los rubros donde las ganancias operativas se dispararon, las subas no se tradujeron proporcionalmente en mejores sueldos ni en más empleo, generando severos desfasajes regresivos:
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Intermediación Financiera: Registró un desfasaje del -37% entre el crecimiento de su actividad (+1194%) y el avance de su masa salarial (+720%).
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Electricidad, Gas y Agua: Mostró una brecha del -34%, al expandir su actividad un 1108% frente a un incremento salarial del 692%.
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Inmobiliarias y Servicios: Acusó un rezago salarial del -17%, producto de una actividad que creció 940% frente a salarios que aumentaron 759%.
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Minas y Canteras: Observó una diferencia del -10%, con una actividad que avanzó 919% frente a una masa salarial del 817%.
«Progresividad circumstantial e insostenible»
En el extremo opuesto, en sectores golpeados como el Comercio (actividad +601% vs. masa salarial +745%) y la Industria (actividad +540% vs. masa salarial +669%), la masa salarial creció temporalmente por encima del nivel de facturación o producción.
El informe explica que esto no responde a una mejora genuina, sino al esfuerzo de las pequeñas y medianas empresas por retener al personal a pesar del parate económico. La única excepción a esta regla dentro de los perdedores fue la Construcción, donde el ajuste fue inmediato: la masa salarial (+575%) creció por debajo de la actividad (+604%) debido a la rápida destrucción de empleo formal en el sector.
«Si el escenario de baja demanda se prolonga, el esfuerzo por sostener las plantillas en la industria y el comercio se volverá insostenible, derivando inevitablemente en una destrucción de puestos de trabajo más severa y un mayor deterioro salarial», concluyen desde el CEPA.
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