El campo a la espera de «un centro» en 2025: rentabilidad, desafíos y perspectivas
Los productores argentinos enfrentan un panorama desafiante en 2025, marcado por precios internacionales en mínimos históricos, alta presión tributaria y desventajas competitivas frente a países como Brasil. Con una agenda urgente de reformas pendientes, el sector agropecuario busca alternativas para sortear una posible crisis sistémica y garantizar su sustentabilidad.

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El sector agropecuario cerró 2024 sumido en incertidumbre, con señales preocupantes que encendieron alarmas. Aunque los indicadores disponibles no confirman una crisis generalizada en el corto plazo, la combinación de precios deprimidos, alta presión tributaria y una moneda fuerte genera un contexto desafiante, especialmente para productores que operan sobre campos alquilados.
En el mercado internacional, la soja cerró diciembre de 2024 con un precio promedio de US$ 361 por tonelada, un 27% por debajo del promedio histórico (2002-2023) ajustado por inflación (US$ 491 por tonelada). Este nivel de precios no se veía desde 2006. En el mercado local, el precio FAS Rosario alcanzó $301 mil por tonelada, también ajustado por inflación, lo que refleja una caída del 30% respecto al promedio de las dos últimas décadas. Estos valores obligan a los productores a depender de rendimientos excepcionales y de una gestión de costos rigurosa para equilibrar su ecuación económica.
La comparación con Brasil: un doloroso contraste
Uno de los principales problemas estructurales del agro argentino es la alta presión tributaria, especialmente los Derechos de Exportación (DEX), que penalizan al sector. En Brasil, donde no se gravan las exportaciones, los productores reciben hasta un 40% más por tonelada de soja que sus pares argentinos. En 2024, esta brecha se tradujo en US$ 100-115 por tonelada, lo que pone de manifiesto la desventaja competitiva de los productores locales frente a sus vecinos.
El investigador de la Fundación Mediterránea, Franco Artusoo, destaca que el contexto brasileño también se beneficia de una moneda más débil, que ha permitido amortiguar la caída de precios internacionales sin generar un impacto inflacionario significativo. En contraste, Argentina mantiene un régimen cambiario de «crawling peg» (depreciaciones mensuales preestablecidas), que si bien contribuye a la estabilidad macroeconómica, limita las posibilidades de una corrección cambiaria que mejore la competitividad del sector exportador.
La política tributaria, un freno a la competitividad
La permanencia de los DEX es una de las principales demandas del sector agrícola para recuperar competitividad. Este impuesto no solo reduce los ingresos de los productores, sino que también afecta la planificación financiera y comercial de las empresas proveedoras de insumos. En 2024, varios indicadores señalaron una contracción en la importación de fertilizantes y agroquímicos, lo que podría traducirse en una campaña tecnológicamente más austera y con menores rindes.
Perspectivas para 2025: una agenda urgente
Con precios internacionales en mínimos históricos y un contexto interno desfavorable, el agro argentino enfrenta un 2025 lleno de desafíos. Avanzar hacia la eliminación de los DEX y en reformas que incrementen la productividad y alineen los precios internos de insumos con los valores internacionales son pasos cruciales para garantizar la sustentabilidad del sector.
El clima también jugará un papel decisivo. En un contexto de precios bajos, rendimientos altos serán indispensables para equilibrar las finanzas del sector. Mientras tanto, los productores y las empresas agrícolas esperan señales claras de políticas que favorezcan la competitividad y alivien las cargas tributarias que, en un escenario global complejo, resultan cada vez más insostenibles.
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