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ECONOMÍA

La economía del “llegar a fin de mes”: así es el nuevo mapa del consumo en Córdoba

El deterioro de los ingresos empuja a más familias a financiar gastos cotidianos con crédito. Delfos advierte sobre un proceso que compromete la capacidad de consumo de los próximos meses.

Por Agustin6 min de lectura
La economía del “llegar a fin de mes”: así es el nuevo mapa del consumo en Córdoba
La economía del “llegar a fin de mes”: así es el nuevo mapa del consumo en Córdoba

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La economía de los hogares cordobeses atraviesa una nueva etapa de tensión. El último relevamiento nacional de Consultora Delfos muestra que las dificultades para llegar a fin de mes ya no aparecen como un fenómeno transitorio, sino como una condición cada vez más estructural. Al mismo tiempo, el endeudamiento gana terreno y comienza a retroalimentar el deterioro de los ingresos.

El fenómeno marca un cambio relevante: una parte creciente de las familias ya no utiliza el crédito únicamente para financiar bienes durables o inversiones, sino para cubrir gastos cotidianos. De esta manera, los ingresos que no alcanzan para sostener el nivel de consumo son compensados con financiamiento que, a su vez, compromete una porción de los ingresos de los meses siguientes.

El resultado es un círculo de mayor fragilidad económica, en el que el consumo todavía se mantiene, pero con un respaldo cada vez menor de los ingresos corrientes.

La economía doméstica como principal indicador

Los números reflejan la profundidad del problema. Apenas el 7,8% de los cordobeses afirma estar en condiciones de ahorrar, mientras que más del 90% asegura que llega con lo justo o directamente no alcanza a cubrir sus gastos mensuales.

Pero el dato más relevante no está solamente en la magnitud de la dificultad, sino en su evolución. El deterioro se concentra cada vez más entre quienes directamente aseguran que sus ingresos no alcanzan, en lugar de limitarse al grupo que llega con lo justo.

La crisis, en ese sentido, deja de ser una situación coyuntural y comienza a incorporarse a la administración cotidiana de los hogares.

Delfos identifica además un fenómeno que viene siguiendo en sus mediciones: el denominado “metro cuadrado” vuelve a funcionar como el principal ordenador de las preocupaciones sociales. La discusión sobre la economía deja de procesarse exclusivamente a través de variables como inflación, dólar, déficit o riesgo país y vuelve a medirse desde la capacidad concreta de pagar el alquiler, llenar la heladera o afrontar una factura.

La experiencia cotidiana pasa a ser, así, el principal filtro para evaluar el presente económico.

Cuando el crédito comienza a financiar el consumo

Uno de los cambios más significativos aparece en la composición del endeudamiento. Los compromisos asociados a tarjetas de crédito aumentaron más de seis puntos porcentuales respecto de hace dos años y se consolidaron como el principal acreedor de las familias, incluso por encima de obligaciones tradicionales como impuestos y servicios.

El cambio no es menor. El crédito comienza a ocupar un lugar diferente dentro de la economía doméstica: ya no se utiliza solamente para acceder a bienes de mayor valor, sino también para sostener consumos corrientes.

La deuda empieza a financiar la vida cotidiana y no solamente compras extraordinarias.

Esto genera un efecto de arrastre. Mientras los ingresos permiten sostener el consumo presente, el crédito permite cubrir la diferencia cuando esos ingresos no alcanzan. Pero la deuda acumulada deberá pagarse con recursos futuros, reduciendo el margen disponible para los meses siguientes.

Por eso, incluso una eventual mejora salarial puede no traducirse inmediatamente en una recuperación del consumo: una parte de ese aumento deberá destinarse a cancelar compromisos acumulados.

La clase media también pierde margen

El deterioro no se concentra exclusivamente en los sectores de menores ingresos. Si bien estos continúan presentando la situación más crítica —seis de cada diez personas afirman que sus ingresos no alcanzan—, la dificultad también se extiende hacia la clase media.

El cambio modifica el clima social. Cuando la vulnerabilidad económica deja de estar concentrada en los sectores de menores recursos y alcanza a segmentos históricamente más estables, aumenta la percepción de incertidumbre.

Ya no se trata solamente del temor a caer en la pobreza, sino de la sensación de perder seguridad económica, capacidad de ahorro y margen para proyectar.

Los jubilados aparecen como el segmento más comprometido. La mitad de los mayores de 65 años afirma que no logra cubrir sus gastos mensuales y apenas 4% declara tener capacidad de ahorro. Además, cerca del 90% de este grupo corresponde a jubilados provinciales o nacionales.

La particularidad es que se trata de personas con ingresos relativamente fijos y menor capacidad para recomponerlos frente a la inflación o al aumento del costo de vida. Por eso, cualquier pérdida de poder adquisitivo tiene un impacto directo sobre su capacidad de consumo.

Endeudados jóvenes, jubilados sin margen

El endeudamiento presenta, a su vez, una dimensión generacional. Mientras los mayores de 65 años registran el mayor deterioro en términos de ingresos, el mayor nivel de endeudamiento se concentra entre quienes tienen entre 30 y 49 años. Casi la mitad de este segmento declara tener deudas.

Los datos describen dos estrategias diferentes frente a una misma restricción económica. Los adultos mayores reducen consumo porque cuentan con menor capacidad para financiarlo, mientras que los trabajadores en edad económicamente activa recurren al crédito para mantener el nivel de vida de sus hogares.

Unos ajustan el consumo; otros postergan el ajuste mediante endeudamiento.

La distribución territorial también muestra diferencias. Tanto las dificultades para llegar a fin de mes como el endeudamiento presentan niveles superiores en la ciudad de Córdoba respecto del interior provincial.

La Capital aparece así como un territorio donde las tensiones económicas se manifiestan con mayor intensidad, posiblemente asociadas a un costo de vida más elevado y a una mayor utilización del crédito como mecanismo para sostener el consumo.

Menos expectativas y más administración

El resultado general es un cambio en la forma en que los hogares organizan sus decisiones económicas. La preocupación ya no pasa únicamente por cuánto puede mejorar la situación, sino por cómo administrar las restricciones actuales.

Las familias priorizan gastos, postergan consumos, reorganizan pagos y reducen su horizonte de planificación. El objetivo deja de ser proyectar crecimiento y pasa, en muchos casos, por llegar al próximo mes.

Este escenario también tiene una dimensión política. Cuando más de nueve de cada diez hogares perciben restricciones económicas, la evaluación de la realidad comienza a construirse principalmente desde la experiencia personal.

El desempeño de la economía, para buena parte de la sociedad, se mide cada vez menos por los indicadores macroeconómicos y cada vez más por lo que queda disponible en el bolsillo a fin de mes.

En ese contexto, mejoras concretas en ingresos, empleo, acceso al crédito o reducción del costo de vida pueden tener un impacto significativo sobre las expectativas sociales. El desafío, según surge del relevamiento de Delfos, no pasa solamente por recuperar el nivel de consumo, sino por lograr que ese consumo vuelva a sostenerse sobre ingresos genuinos y no sobre deuda.

Porque mientras el crédito permita cerrar las cuentas del presente, también puede estar trasladando el problema hacia el futuro.

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Punto a Punto 2

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← Volver a la portadaActualizada el 10 de agosto de 2026