El cerdo argentino ante un nuevo desafío: entre el crecimiento interno y la amenaza brasileña
José Arrieta, presidente de la Cámara de Productores de Cerdos, advierte sobre los riesgos que implica la creciente importación de carne porcina desde Brasil y reclama condiciones de competencia equitativas. Además, detalla las metas del sector, la necesidad de ampliar las exportaciones y el rol clave de Córdoba como principal productor del país.

Publicidad

El sector porcino argentino atraviesa un momento de transformación clave. Con un consumo per cápita que ha crecido sostenidamente en la última década, los productores ponen ahora la mira en un objetivo ambicioso: alcanzar los 26 o 27 kilos de carne por habitante al año hacia 2032. Así lo explica José Arrieta, presidente de la Cámara de Productores de Cerdos, quien además pone en el centro del debate una preocupación creciente: la irrupción de carne de cerdo brasileña en el mercado local.
“Hace 12 o 13 años el consumo per cápita era de 7 kilos; hoy estamos en 17. Eso se logró con campañas de promoción, difusión sobre los atributos nutricionales del cerdo y un cambio cultural en los platos tradicionales de los argentinos”, señala Arrieta. El plan estratégico nacional, impulsado por la Federación Porcina Argentina, busca sostener esa tendencia con el impulso tanto del mercado interno como de las exportaciones.
Para cumplir ese objetivo, el sector necesita ir más allá de los cortes clásicos como bondiola, matambre o costilla. Arrieta insiste en que se deben incorporar otros cortes menos conocidos como la pulpa de paleta o bola de lomo. “Para llegar a ese nivel de consumo hay que diversificar la oferta en la mesa argentina”, apunta.
Córdoba, líder nacional
Desde lo productivo, Córdoba se ubica a la cabeza del sector porcino argentino. Aunque Buenos Aires tiene más madres y unidades productivas, Córdoba es el principal emisor de capones a faena. “Ya es el segundo año consecutivo que somos el número uno. Tenemos ventajas en costos por la producción de maíz, el acceso a tierra, agua y buenos recursos humanos”, destaca Arrieta. La provincia se consolida como un hub competitivo, lo que abarata el precio del insumo clave para la alimentación porcina.
Además, la tecnología genética aplicada en la cría ha sido un factor de salto cualitativo. “Pasamos de tener animales con 44% de carne magra a un 57% en quince años, y bajamos el índice de conversión de alimento por kilo de carne, lo que nos hace más eficientes”, detalla.

El gran pendiente: exportar más
Arrieta también remarca que, para seguir creciendo, el sector debe enfocarse en ampliar los destinos de exportación. “Argentina consume entre 110 y 115 kilos de proteína animal por persona al año. El techo interno está cerca. Si queremos aumentar la producción, tenemos que vender más afuera”, afirma.
El presidente de la Cámara explica que parte del crecimiento futuro llegará porque se prevé una mayor exportación de carne bovina, empujada por mejores precios internacionales. Ese lugar en el mercado interno lo ocuparía el cerdo, pero también será clave que entre el 20 y 25% de la producción se destine a la exportación en los próximos diez años.
China es el destino por excelencia, aunque también se abrieron mercados en Singapur, Uruguay y Rusia. En paralelo, hay oportunidades poco aprovechadas en los subproductos: patitas, cabezas, vísceras, que hoy casi no se consumen ni exportan. “Brasil los exporta muy bien, sobre todo a China. Nosotros todavía tenemos una tarea pendiente ahí”, reconoce.

La amenaza brasileña
Pese al potencial de crecimiento, el sector enfrenta una amenaza concreta: la creciente importación de carne porcina desde Brasil. “El año pasado era casi cero. Hoy están ingresando entre 5.000 y 6.000 toneladas mensuales”, alerta Arrieta.
La apertura de importaciones, promovida por el gobierno con la intención de bajar precios internos, no logró ese efecto. “No sabemos si fue por las importaciones o por otras razones, pero lo cierto es que el precio no bajó”, afirma. Más preocupante aún, según Arrieta, es que se trata de una competencia desleal. “Esa carne entra congelada y se vende como fresca. Además, proviene de líneas de producción que utilizan aditivos promotores de crecimiento prohibidos en Argentina”.
Se trata de un insumo que mejora la conversión alimenticia y reduce costos, pero que está vetado en 160 países. “No genera efectos en la salud humana, pero sí distorsiona la competencia. No pedimos que se frene la importación, sino que se exija igualdad de condiciones productivas”, reclama.
Hasta el momento, las gestiones con el gobierno nacional no han dado resultados concretos. “Estamos en mesas de trabajo, pero no vemos acciones claras. No puede ser que se permita el ingreso de carne con un aditivo que acá está prohibido. La competencia tiene que ser justa”, concluye.
Una encrucijada clave
El panorama que plantea Arrieta evidencia una doble urgencia: consolidar el crecimiento interno a través de una mayor diversificación del consumo y potenciar el desarrollo exportador. Pero todo eso, sin perder competitividad por factores externos que escapan al control del productor.
Con Córdoba al frente, el sector porcino argentino tiene una oportunidad histórica. Pero para aprovecharla, necesita reglas claras, inversiones estratégicas y condiciones de competencia que no premien lo que aquí está prohibido. La carne de cerdo tiene mucho para ofrecer, pero el camino hacia su consolidación como proteína protagonista no está libre de obstáculos.
Publicidad
