El desafío de estabilizar la economía: contraste entre las variables locales y el contexto global
La economía argentina enfrenta un escenario dual: mientras se destacan avances como la recuperación del PIB y la baja de la inflación, persisten desafíos vinculados a un contexto internacional desfavorable y a la necesidad de estabilizar las cuentas fiscales.

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La economía argentina cerró el 2024 con señales mixtas: una recuperación del Producto Interno Bruto (PIB) impulsada por el rebote del sector agropecuario tras la sequía de 2023, y un notable descenso en la inflación mensual. Sin embargo, este desempeño positivo contrasta con un panorama internacional adverso, marcado por el fortalecimiento del dólar, la suba de tasas en Estados Unidos y la caída en el precio de las commodities.
En este contexto, el gobierno apuesta por una estrategia coordinada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para avanzar hacia una salida progresiva del cepo cambiario y consolidar la estabilidad económica en un año clave de elecciones legislativas.
El economista Jorge Vasconcelos, de la Fundación Mediterránea, analiza cómo las políticas económicas implementadas durante el último año han permitido sortear desafíos locales y globales, sentando las bases para una recuperación sostenida, pero con obstáculos por resolver.
Un 2024 con señales mixtas
De acuerdo con los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), el PIB argentino cerrará 2024 con una contracción inferior al 3% respecto de 2023, impulsado en parte por un “arrastre estadístico” positivo de 2,3 puntos. Este rebote, proyectado en un crecimiento del PIB de entre 4,5% y 5% para 2025, contrasta con el impacto desigual entre sectores. Si bien la recuperación del agro, tras la sequía de 2023, mostró un crecimiento cercano al 30%, otros sectores como el consumo privado y la industria enfrentaron caídas significativas.
La inflación, que inició 2024 con valores superiores al 4% mensual, logró descender hasta niveles cercanos al 2,5% para el cuarto trimestre, gracias a una coordinación macroeconómica basada en minidevaluaciones y control del gasto público. Sin embargo, esta estabilidad no se dio de forma lineal. El segundo semestre marcó un punto de inflexión con la implementación de ajustes clave y una mejora en las reservas del Banco Central.
El peso del contexto global
Pese a los avances locales, el escenario global planteó obstáculos. La suba de tasas de interés en Estados Unidos, el fortalecimiento del dólar, la caída de precios de commodities agrícolas y la desaceleración de Brasil afectaron la competitividad de la economía argentina. Vasconcelos destaca que, en los últimos meses de 2024, el poder adquisitivo de la soja alcanzó mínimos históricos, limitando la capacidad de los productores para generar un “derrame” sobre otras áreas económicas.
Además, la apreciación del peso frente al real brasileño y las restricciones en la recuperación de las exportaciones exacerbaron los desafíos.
Negociación con el FMI: ¿Un camino hacia la estabilidad?
En este contexto, el gobierno inició negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para buscar un acuerdo que incluya una salida gradual del cepo cambiario. Según Vasconcelos, evitar un levantamiento abrupto, como el de 2016, podría ser clave para mantener la recuperación de los salarios reales y refinanciar vencimientos de deuda interna que superan los 9 puntos del PIB en 2025.
Sin embargo, este enfoque tiene costos. El ritmo pausado de acumulación de reservas y las limitaciones para impulsar sectores como la construcción, el agro y la industria reflejan los desafíos de mantener un equilibrio entre estabilidad macroeconómica y crecimiento.
Expectativas y desafíos para 2025
Aunque las condiciones iniciales del gobierno en 2024 eran críticas, Vasconcelos subraya que las medidas implementadas lograron generar confianza en los mercados, con un Índice Merval en niveles récord y expectativas de inversión moderadas. El reto para 2025 será consolidar estos avances, especialmente en un año electoral, ampliando el margen para reformas estructurales.
El acuerdo con el FMI será determinante no solo para acceder a fondos frescos, sino también para garantizar una transición ordenada hacia un modelo económico más competitivo, capaz de enfrentar un contexto global adverso sin recurrir a ajustes drásticos que puedan desestabilizar la economía local.
El panorama sugiere que, aunque hay motivos para el optimismo, la sostenibilidad de la recuperación dependerá de la capacidad del gobierno para combinar medidas internas con una estrategia internacional sólida.
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