Influencers financieros: ¿estafa cantada o el camino hacia la libertad económica?
El fenómeno de los jóvenes y adolescentes que venden cursos de “educación financiera” y “crecimiento personal” está en pleno auge. Cómo es el modus operandi para captar “clientes”.

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Por Esteban Migliazzo y Diego Caniglia. Las redes sociales se convirtieron en el escenario principal de un fenómeno en ascenso: jóvenes influencers, o “manosantas digitales”, que aseguran haber encontrado la clave del éxito financiero y ofrecen compartir su conocimiento a cambio de dinero. Promocionan sus cursos viviendo una vida de lujos, mostrándose en autos alta gama, viajando a destinos exóticos y luciendo relojes de lujo. Su discurso es directo: “Si no sos millonario, es porque vos no querés”.
El modelo de negocio sigue un patrón. A través de plataformas como Instagram, TikTok y Facebook, estos “mentores” captan seguidores a quienes presentan una oportunidad única para alcanzar la tan mentada libertad económica. Sus cursos prometen ingresos elevados en poco tiempo, en oportunidades hasta 10.000 dólares mensuales, sin necesidad de estudios universitarios ni experiencia previa.
Matías Cardozzo ha ganado fama como uno de estos “jóvenes millonarios” que muestran su vida sin tapujos y no dudan en hablarle a su público de manera despectiva (incluso llegó a decir tras el repudio que genera en las redes que “lo mismo hicieron con Jesucristo, fue un perseguido”). El problema de “el Colo” Cardozzo es que no todo lo que muestra es real. Realiza una puesta en escena de bienes que no son propios, o se filma viajando en primera clase de un avión como si realmente lo hiciera.
La manipulación emocional, el uso de estrategias de marketing agresivas y la falta de regulaciones convierten a estos cursos en un terreno peligroso para quienes buscan mejorar su situación económica. ¿El engaño es permanente? ¿La farsa que ostentan los jóvenes se traslada a los cursos que venden? Estimar la cantidad de jóvenes que ofrecen este tipo de cursos es imposible. Pero por lo que se puede ver en redes sociales, el número es significativo. No quedan dudas de eso.

Modus operandi
Navegando en redes sociales, a los jóvenes les aparece un video motivacional. La mayoría va por un “me gusta” sin pensarlo demasiado. Poco después, el algoritmo hace su trabajo: otro video similar aparece en la pantalla, luego otro y después otro. Sin que nadie se dé cuenta, ya se está adentro del embudo. El siguiente paso es lograr seguir a los “traiders”. Una vez que eso pasa, el contenido comienza a invadir los feeds. Tarde o temprano, alguien responde una historia o realiza un comentario a una publicación, lo que da pie a recibir material “gratuito”. Finalmente, se puede terminar en un grupo de WhatsApp. En ese momento, el juego ya comenzó.
“Es el momento más fácil de la historia para ganar entre US$ 1.000 y US$ 40.000 de la noche a la mañana”, se podía leer en el grupo de un conocido vendedor de cursos cordobés. Mensajes como éste se repiten en redes sociales y chats privados, donde supuestos emprendedores aseguran tener la clave de la libertad financiera con una inversión mínima y sin conocimientos previos.
Estos cursos, que suelen durar entre tres o cuatro días o hasta dos o tres semanas, prometen enseñar estrategias para generar ingresos rápidamente. La metodología de venta incluye la creación de eventos “gratuitos” en los que se ofrece una muestra del contenido para luego incentivar la compra del curso completo. En muchos casos, se emplean estrategias de marketing agresivas como la escasez artificial —“últimos cupos” y “últimos minutos”— y descuentos extremos que van del 80% al 90%.
El miedo a perder una oportunidad única (conocido como FOMO, por sus siglas en inglés) es una de las tácticas más utilizadas. “Tenés dos posibilidades: que tu vida siga como está o tomar acciones”, se suele leer en los mensajes de estos grupos. Luego, el grupo de WhatsApp se da de baja, pero antes de cerrarse llega un último mensaje: “Mañana lanzamos un nuevo producto: vas a poder copiar el modelo de negocio y descubrir el detrás de escena para ganar más de 400.000 dólares al mes con 20 años. Además de muchísimas sorpresas, todo esto por 100 dólares”.
El principal público de estos cursos está compuesto por personas de bajos recursos y jóvenes con poca o nula experiencia en el ámbito financiero. La promesa de grandes ganancias con una mínima inversión resulta tentadora, pero plantea interrogantes sobre la viabilidad real del modelo de negocio.

La experiencia, desde adentro
Franco Dato, uno de los jóvenes que comercializaba este tipo de cursos, aceptó el diálogo con Perfil Córdoba sobre el funcionamiento del negocio digital y el crecimiento de este fenómeno, especialmente en Latinoamérica. El dato no es menor, teniendo en cuenta que la mayoría evita el contacto con la prensa.
Según Dato, “la venta de cursos consiste en empaquetar y compartir conocimientos adquiridos a lo largo de la experiencia en un área específica”, como en su caso, el marketing digital. Él mismo vivió este proceso: “Durante mi camino como emprendedor me encontré con una agencia de marketing que trabajaba con negocios, coaches online, psicólogos y médicos, entre otros, y fue allí donde descubrí que podía enseñar a otros lo que yo hacía”.
Para Dato, este modelo de negocio es el futuro de la educación en la región: “La rama de los cursos hoy en día es el presente y siento que va a ser el futuro de la educación convencional en Latinoamérica”. Además, destaca que los cursos ofrecen una opción más accesible, ya que “no están impuestos por nadie y uno decide si quiere entrar”.
El joven reconoció que “la industria de la educación financiera” generó controversias debido a la falta de controles, lo que dio lugar a estafas y malas prácticas. Consultado sobre si estaba de acuerdo con que algunos personajes desvirtuaron el verdadero propósito de vender cursos y crear contenido valioso, no dudó en expresar su postura. “Coincido en un 101% en que todo se desvirtuó”, afirmó, refiriéndose a cómo algunos actores del sector mostraron contenidos superficiales que no representan la verdadera esencia de lo que debería ser el negocio. Según su visión, el problema radica en que “las personas que vendían los cursos no eran conscientes del tipo de público que los consumía”, lo que llevó a una desconexión y a que se desvirtuara la idea original.
Nota completa en www.perfil.com/cordoba
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