Lo barato sale caro: por qué los alimentos económicos superan en precio a los productos premium
Un informe de Focus Market revela que los productos de bajo costo están experimentando aumentos de precios superiores a los de las primeras marcas, afectando la calidad de vida de los sectores de menores ingresos.

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Un informe reciente de la consultora Focus Market explora el fenómeno global de la “Cheapflation”, que consiste en el aumento acelerado de precios de productos de bajo costo frente a los premium. Este fenómeno se ha vuelto una preocupación central para los sectores de menores ingresos en Argentina, donde los consumidores dependen cada vez más de opciones económicas para satisfacer necesidades básicas.
La “Cheapflation” representa un tipo de inflación que afecta especialmente a productos considerados de bajo costo, una tendencia que resulta paradójica: lo barato se vuelve cada vez más caro. Este fenómeno ha sido descrito como el «fantasma» de los productos low-cost, ya que pone en riesgo el acceso de los sectores vulnerables a bienes esenciales.
Damián Di Pace, director de Focus Market, explica que este fenómeno recuerda al “efecto Giffen”, una teoría económica del siglo XIX observada por el economista escocés Robert Giffen. Según esta teoría, durante tiempos de crisis, los consumidores de ingresos bajos priorizan la cantidad sobre la calidad y, aunque los precios aumenten, optan por comprar más de productos básicos de bajo costo. Di Pace ejemplifica este fenómeno con el caso argentino: aunque el precio de la carne ha tenido un incremento moderado, el consumo de carnes ha disminuido en favor de alimentos como el arroz y los fideos, opciones más económicas que permiten a las familias argentinas rendir su presupuesto.
La inflación en alimentos: una tendencia global que afecta con fuerza a Argentina
Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recopilados en el informe de Focus Market, la inflación en alimentos a nivel global ha acumulado un 22,43% desde 2020. Este incremento se debe a diversos factores, entre ellos las condiciones meteorológicas adversas (sequías, incendios e inundaciones), conflictos como la guerra entre Ucrania y Rusia, la crisis sanitaria post COVID-19, y la recuperación económica desigual. En Argentina, la inflación interanual en alimentos alcanzó el 201,4% a septiembre de 2024, lo que representa una de las tasas más altas en la región y una presión constante sobre la economía familiar.

Entre los productos con mayores aumentos a nivel mundial, el azúcar y los aceites vegetales son algunos de los más afectados, con alzas del 58,26% y 31,61%, respectivamente, desde 2020. Los factores detrás del aumento en el precio del azúcar incluyen sequías e incendios en Brasil, que afectaron significativamente la producción de caña de azúcar. En cuanto a los aceites vegetales, el precio ha seguido subiendo debido a la baja producción de aceite de palma, soja, girasol y colza en países del sudeste asiático, que han enfrentado restricciones en la oferta. Los lácteos también han experimentado un aumento del 24,06%, mientras que las carnes y cereales han subido un 21,87% y 10,38%, respectivamente.
Impacto del “Cheapflation” en la calidad de los alimentos y las estrategias de los productores
Para hacer frente a la presión inflacionaria, muchos productores de alimentos, tanto en Argentina como en otros países, han comenzado a recurrir a la sustitución de materias primas por alternativas más económicas y de menor calidad. Esto se traduce en una disminución en la calidad de los productos a los que los consumidores deben recurrir, y el fenómeno es particularmente visible en los productos de bajo costo que se ven más afectados por esta reducción en calidad. Di Pace destaca que “la calidad de los alimentos es peor y se paga el mismo precio, o incluso más, por estos productos, generando una brecha significativa en el acceso a alimentos nutritivos”.
Esta situación impacta de manera más profunda a los sectores vulnerables en Argentina. Según el informe, el 52,9% de la población en Argentina se encuentra en situación de pobreza, lo que limita su capacidad para realizar compras grandes o aprovechar promociones en hipermercados. En su lugar, muchos de estos consumidores deben recurrir a autoservicios y tiendas de barrio, donde los precios pueden ser hasta un 50% más altos que en los hipermercados.
Brechas de precios y limitaciones de financiamiento: un doble golpe para los más pobres
En Argentina, la diferencia de precios entre los productos vendidos en hipermercados y autoservicios ha aumentado. En autoservicios, los productos básicos como fideos pueden llegar a costar un 50% más que en las grandes cadenas de hipermercados. Según los datos de Focus Market, en hipermercados los fideos tienen un precio promedio de $1199, mientras que en autoservicios alcanzan los $1800, una diferencia considerable que hace que los sectores más vulnerables terminen pagando un precio más alto por sus alimentos básicos.

Los consumidores de menores ingresos tampoco pueden aprovechar promociones y financiamiento ofrecidos en hipermercados, como los descuentos del 20%, 30%, o hasta el 50% en primeras marcas durante días específicos de la semana, y opciones de pago en cuotas o descuentos por utilizar billeteras virtuales. Aunque estas promociones permiten a los consumidores con mayor capacidad económica obtener productos de mejor calidad a precios más bajos, quienes viven en situación de pobreza no pueden beneficiarse de estas ofertas.
Además, debido a que muchos consumidores de bajos ingresos no pueden permitirse el transporte hasta hipermercados o no pueden trasladar grandes cantidades de productos, terminan haciendo compras pequeñas y frecuentes en autoservicios, lo que incrementa su gasto mensual.
La diferencia entre primeras y segundas marcas
Otro aspecto importante del fenómeno de la “Cheapflation” es la reducción de la brecha entre las primeras y segundas marcas. En un intento de evitar el sobrestock y el vencimiento de productos, las primeras marcas han comenzado a ofrecer descuentos significativos que, en algunos casos, las vuelven más económicas que las segundas marcas. Por ejemplo, en “arroz y legumbres”, la diferencia de precio entre una primera y una segunda marca es del 29,43%, siendo la primera marca incluso más económica. Esta tendencia también se observa en productos como lácteos, gaseosas y cortes de carne, donde se pueden encontrar descuentos de hasta el 50%.

Al aplicar descuentos acumulativos y opciones de financiamiento, el costo de productos de primeras marcas puede ser más bajo que el de las segundas marcas, especialmente en categorías como la leche, la carne y el arroz. Sin embargo, como estos descuentos solo benefician a quienes pueden acceder a los hipermercados y realizar compras grandes, el sector de bajos ingresos queda excluido de este ahorro potencial.
¿Cuál es el futuro del consumo low-cost en Argentina?
La “Cheapflation” es una estrategia de supervivencia frente a la inflación que afecta tanto a consumidores como a productores. Para los consumidores, especialmente aquellos en situación de vulnerabilidad, entender cuándo y cómo ocurre este fenómeno puede ayudarlos a tomar decisiones de compra más informadas y aprovechar las ofertas en la medida de sus posibilidades. Sin embargo, para muchas personas de bajos ingresos, la situación económica dificulta cada vez más el acceso a productos básicos de calidad.
Por su parte, Focus Market subraya la importancia de que las empresas y organismos reguladores trabajen en la transparencia de precios y en estrategias que permitan a los consumidores acceder a productos esenciales sin que se vean obligados a sacrificar calidad por precio. De este modo, los consumidores podrán evaluar con mayor claridad las opciones que tienen a disposición y, con suerte, mitigar el impacto de la “Cheapflation” en sus bolsillos.
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