Opinión: el Congreso nacional se parece a una feria de regateos
Las conversaciones cruzadas y las continuas disidencias convierten a la Cámara de Diputados en un espacio donde cada uno quiere sacar ventaja. En el medio están los gobernadores que se aferran a conseguir algunos logros para evitar el desbande de sus distritos. Un espectáculo que por momentos resulta penoso.

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Por Eduardo Bocco. La última semana de sesiones en el Congreso nacional se ha convertido más en una guerra de trúhanes que tratan de esquilmarse a más no poder antes que un grupo de señoras y señores que discuten sobre cómo mejorarle la calidad de vida a la gente.
La Cámara de Diputados es una feria de pueblo donde se pide cualquier cosa, se reclama cualquier cosa y todo se regatea. Están en juego cosas muy pesadas como la ley de Presupuesto que al Gobierno de Javier Milei no le interesa, aunque sí lucha por sostener la ley que le permitirá con un DNU resolver la deuda sin consultar a nadie. En el medio, emerge la figura de la benemérita Cristina Fernández, cuyo bloque cierra filas y busca aliados para evitar la ley de ficha limpia, que dice que una persona con dos condenas por casos de corrupción no puede candidatearse. Además, CFK puede ir presa, cosa que alarma al jefe de Gabinete, Guillermo Francos –un antiguo caminante por los pasillos casi oscuros del menemismo– ya que considera que una ley así victimizaría a la ex vicepresidenta y le haría subir unos cuantos puntos en las encuestas.
Cristina sigue siendo la principal adversaria de Milei porque es la única con capacidad de organización y movilización, pero, a la vez, tiene mandíbula de cristal y con un soplido puede irse a dormir el sueño de los justos.
Los dos se necesitan hasta para pelear y gruñirse, pero aquí son aliados virtuales que no han firmado ni firmarán nunca nada. Los opositores más duros creen que llegarán a conseguir el sueño del quórum a acorralar a la jefa de los K, ya que la semana pasada estuvieron a un solo voto de conseguir quórum. Después se verá qué es lo que ocurre en realidad.
No hace falta agregar demasiadas cosas como para decir sin temor a que nadie lo tome a mal que el ambiente es patético. Y como si esto fuera poco, aparece la Armada Brancaleone, compuesta por un grupete de gobernadores entre los que se encuentra el nuestro, Martín Llaryora. Estos están famélicos de recursos y algunos de ellos firmarían cualquier cosa con tal de conseguir desahogo financiero.
“En el Gobierno de Milei se llenan la boca diciendo que tienen déficit 0, pero lo hicieron aumentando el hambre en las provincias y con un sufrimiento escandaloso”, comentó un funcionario cordobés, con despacho propio en el Centro Cívico.
Nada hace presumir que la cosa cambie. Este es el perfil que le han dado nuestros parlamentarios al sagrado recinto legislativo, salvo honrosas excepciones.
El gobierno ha dejado totalmente de lado la sanción del Presupuesto porque no quiere compensar a las provincias y los gobernadores se aferran a esta ley de leyes para no ahogarse. Milei prefiere, al estilo neoliberal, las negociaciones individuales antes que las colectivas. A Córdoba ya le hablan de su “propuesta especial”. En El Panal silban y hacen mutis por el foro. Cada cual atiende su juego y al bazar de regateos hay que sumarle la feria de regateos.
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