Vender una startup después de conquistar el mundo: la historia detrás de Auth0 y Aivo
Fundaron empresas con impacto global, atrajeron miles de clientes y cerraron ventas millonarias. Ahora, Matías Woloski (Auth0) y Martín Frascaroli (Aivo) exploran nuevas formas de crear valor desde proyectos con impacto social.

Publicidad

En un ecosistema emprendedor en el que escalar una idea a nivel global es la excepción, las historias de Auth0 y Aivo se destacan por su visión temprana, capacidad de ejecución y, finalmente, la decisión de dar un paso al costado.
Matías Woloski y Martín Frascaroli lideraron durante más de una década dos compañías tecnológicas nacidas en Argentina que impactaron a millones de usuarios en todo el mundo. Hoy, ambos ya no están al frente de esas empresas. Uno se retiró a una fundación ecológica en Uruguay. El otro, a un “desempleo feliz” tras vender su empresa. Pero ambos comparten aprendizajes, cicatrices y una mirada sobre cómo la inteligencia artificial y la cultura emprendedora están redefiniendo las reglas del juego. Su recorrido lo repasaron en la última edición de Experiencia Endeavor Córdoba.
Resolver el login del mundo Auth0 nació como una respuesta a un problema técnico muy específico: la autenticación de usuarios. “Básicamente resolvemos el login”, resume Matías Woloski, cofundador de la empresa junto a Eugenio Pace. Lo que parecía un detalle técnico se convirtió en un componente crítico para miles de compañías que no querían —ni podían— construir sistemas de identidad propios. Hoy, plataformas como ChatGPT usan Auth0 para manejar sus accesos.
La compañía, fundada en 2012, creció hasta tener más de 1.000 empleados en 35 países y 10.000 clientes globales, procesando 8.000 millones de logins por mes. En 2021, fue adquirida por la empresa pública Okta, en una de las operaciones más relevantes del ecosistema latinoamericano de tecnología. Hoy, Auth0 es el principal motor de crecimiento de su nueva casa matriz.
Woloski dejó la empresa en 2024 y actualmente lidera Portal Bosque, una fundación educativa y cultural en Uruguay. Aún lejos del mundo tech, conserva la misma filosofía: “Hay que hacer cosas, mostrarlas y buscar validación. Hoy es más fácil que nunca crear software”.

Automatizar desde antes de que era “sexy” Aivo, por su parte, apostó a la inteligencia artificial en un momento en que pocos sabían siquiera de qué se trataba. Fundada hace 15 años por Martín Frascaroli en Córdoba, la startup desarrolló tecnología para automatizar la interacción entre grandes empresas y sus clientes. La meta: dar respuestas útiles desde el primer contacto, sin derivaciones innecesarias.
“La inteligencia artificial no era sexy. Teníamos que explicar todo: qué era un algoritmo, cómo entendía, cómo respondía”, recuerda Frascaroli. Hoy la historia suena familiar gracias a ChatGPT, pero Aivo ya había sembrado ese camino mucho antes.
La compañía creció con oficinas en varios países y clientes corporativos de peso. Pero tras más de una década, llegó el momento de vender. “Había que cerrar un ciclo. Había inversores que esperaban retorno, la tecnología estaba cambiando y yo necesitaba bajar un cambio”, explica. Vendieron tras recibir varias ofertas y él se retiró formalmente en agosto pasado.
Actualmente, se define como un “desempleado feliz”. Está invirtiendo en algunos proyectos pequeños, como una iniciativa en España que usa IA para ayudar a personas con discapacidad intelectual a vivir de forma más autónoma.
Una nueva era de emprendedores
Ambos emprendedores coinciden en que el contexto actual, impulsado por la inteligencia artificial, reduce enormemente las barreras para empezar. “Hoy, con herramientas de IA, podés desarrollar una solución sin necesidad de tener un equipo de developers sofisticado”, dice Frascaroli. “Arrancar es mucho más fácil que antes”.
Pero también destacan que el corazón del emprendimiento sigue siendo el mismo: identificar un problema, crear valor, construir equipos y ser resiliente. “Emprender es perder el confort todo el tiempo”, dice Frascaroli. “Hay que aprender idiomas, mudarse, pedir ayuda, equivocarse”.
Ambos también alientan una mirada más pragmática sobre el crecimiento. No todo tiene que ser un unicornio. “Estoy obsesionado con esta nueva generación de compañías que no tienen que salir a levantar capital. Equipos de 5 o 10 personas que facturan 3, 5 o 10 millones de dólares al año”, sostiene Frascaroli.
Mientras las startups que fundaron siguen su curso, ellos eligieron bajarse del vértigo para reconectarse con nuevas formas de crear impacto. No desde el exit, sino desde el propósito.
Publicidad
