«El gobierno no va a dejar que el dólar suba»: el pronóstico de Arriazu sobre la economía
En un encuentro con inversores de SyC Inversiones, el economista Ricardo Arriazu señaló que el Banco Central tiene herramientas para controlar el tipo de cambio, aunque la política electoral sigue siendo el principal factor de riesgo.

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En un nuevo encuentro del Comité de Inversiones de SyC Inversiones, el economista Ricardo Arriazu ofreció una radiografía de la situación económica actual, cruzando variables del contexto global con las particularidades de la coyuntura argentina. Arriazu alertó sobre los factores de inestabilidad internacional y remarcó los signos de una posible estabilización en Argentina, si se logra gestionar la incertidumbre política.
Arriazu comenzó su exposición con una advertencia: “La nueva política económica de Estados Unidos generó una gran incertidumbre en el mundo. Esa incertidumbre sigue. No sabemos qué están buscando”. Las negociaciones comerciales anunciadas con China o Europa no se han concretado, y los nuevos aranceles sobre el cobre –clave para la transición energética– podrían alterar los equilibrios internacionales.
El economista también alertó sobre el creciente déficit fiscal estadounidense, que obliga a una renovación constante de deuda y podría poner en riesgo la confianza de los mercados. Como resultado, el dólar se debilitó frente a otras monedas y los bonos perdieron atractivo. “Si los bonos estuviesen bien, no habría ningún tipo de problema. El problema es que generaron desconfianza sobre los bonos”, resumió.

A pesar de este panorama, las acciones repuntaron a niveles récord. “No hay alternativas”, explicó Arriazu, y agregó que el rebote bursátil es más una búsqueda de refugio que una señal de fortaleza real.
Argentina: estabilización con ruido y riesgo político latente
Frente a la inestabilidad global, Argentina muestra señales de mejora. Las reservas del Banco Central treparon a US$ 27.000 millones (sin contar el swap con China), lo que, según Arriazu, otorga suficiente espalda para enfrentar vencimientos de corto plazo. El economista también valoró el nuevo esquema cambiario acordado con el FMI y la decisión oficial de no permitir que el dólar supere los $1300.
“Mi impresión es que el gobierno no está conforme con un dólar a más de $1300. Tiene herramientas para sostenerlo”, aseguró, aunque advirtió que el “cisne negro” sigue siendo la política, en especial de cara a un año electoral clave.
En cuanto al frente fiscal, destacó la consolidación del superávit, potenciado por la reducción de subsidios económicos y una mayor eficiencia en el gasto público. Según sus estimaciones, el superávit real sería incluso superior al que se comunica oficialmente.

Inflación en baja y señales de reactivación desigual
Uno de los datos más llamativos del análisis fue la desaceleración de la inflación, que cayó a 1,5% en mayo y 1,6% en junio. Para julio, proyectó un nivel también por debajo del 2%, aunque advirtió sobre la presión de los costos laborales.
La actividad económica, en tanto, alcanzó en abril su pico histórico, pero muestra un comportamiento muy desigual. “La venta de heladeras subió como 100%. El turismo se disparó. Pero muchas de esas cosas no se van a repetir”, dijo, en referencia a consumos de una sola vez que distorsionan la lectura agregada del rebote.
Arriazu también se refirió al efecto contractivo de la política monetaria: la eliminación de las Leliqs inyectó $10 billones en el sistema, lo que llevó al BCRA a subir bruscamente la tasa de interés. Aun así, consideró que el sistema bancario sigue líquido y que el mercado tendería a calmarse si se reduce la incertidumbre.
Exportaciones, cosecha y baja de retenciones
El economista proyectó un repunte del sector externo gracias a la baja de retenciones, el buen clima y una recuperación de precios agrícolas. Estimó un ingreso anticipado de US$ 3.000 millones por parte del agro y anticipó que “la próxima cosecha debería venir muy bien”, si se mantienen las condiciones actuales.
Finalmente, volvió a destacar la contradicción entre la percepción social y los indicadores económicos: “Los números fríos muestran una economía que se está estabilizando, pero hay una sensación de ruido. Esa diferencia se explica por la heterogeneidad del crecimiento y la incertidumbre política”.
Un equilibrio frágil, con margen para estabilizar
En síntesis, el análisis de Arriazu dibuja un escenario en el que Argentina transita un proceso de estabilización macroeconómica, con fundamentos más sólidos que en otras etapas, pero con una alerta encendida: el factor político.
“El gobierno no va a dejar que suba el tipo de cambio. Si el cisne negro de la política se convierte en cisne blanco, la economía debería seguir tendiendo a estabilizarse, con inflación baja y actividad positiva”, cerró.
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