El pronóstico de Morgan Stanley: la IA y la automatización redefinirán el valor empresarial
Un informe de Counterpoint Global anticipa que la adopción masiva de inteligencia artificial y automatización reducirá millones de empleos, pero a la vez ampliará márgenes, abrirá nuevas oportunidades de inversión y pondrá en tensión la relación entre empresas, trabajadores y clientes.

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La inteligencia artificial (IA) y la automatización ya dejaron de ser tendencias emergentes para convertirse en fuerzas capaces de redefinir sectores enteros. Así lo plantea un extenso estudio de Counterpoint Global, división de Morgan Stanley Investment Management, que analiza los efectos de segunda orden de estas tecnologías, es decir, los impactos indirectos que van más allá de los fabricantes de chips o software y alcanzan a empresas tradicionales que logren capturar eficiencias.
El informe parte de un dato clave: si las 1.000 mayores compañías públicas del mundo automatizaran la mitad de los puestos con alta probabilidad de ser reemplazados, se eliminarían 1,7 millones de empleos, lo que permitiría un ahorro de US$ 207.000 millones en costos laborales. Para las firmas mejor posicionadas, los márgenes podrían expandirse hasta un 16%, generando un incremento sustancial en sus pools de ganancias.
La historia enseña: invertir en los segundos beneficiarios
Uno de los puntos fuertes del análisis es la comparación histórica con otras revoluciones tecnológicas. A comienzos del siglo XX, invertir en fabricantes de autos no fue tan rentable como hacerlo en empresas que aprovecharon la suburbanización que trajo el automóvil. Algo similar ocurrió con la conectividad Wi-Fi: los mayores retornos no vinieron de los routers, sino de plataformas como Netflix, que capitalizaron el streaming.
La lección es clara: en el largo plazo, los grandes ganadores no suelen ser los fabricantes de la tecnología, sino las compañías que la integran de manera eficaz para transformar su negocio. En la actualidad, mientras el mercado se concentra en fabricantes de GPU y hardware, Counterpoint Global sostiene que la atención debería desplazarse hacia empresas capaces de utilizar la IA para mejorar la productividad y generar nuevas fuentes de valor.

Cultura y capital humano como intangibles decisivos
El estudio introduce la herramienta Culture Quant, desarrollada junto con Harvard Business School, que mide con datos alternativos (300 millones de trabajadores relevados) la gestión del capital humano y la cultura corporativa. La premisa es que el talento y la cultura son activos intangibles que explican parte de la rentabilidad futura de las empresas, pero que la contabilidad tradicional no refleja.
Los hallazgos son contundentes: las compañías con alta retención de empleados tienden a superar en performance bursátil a las que presentan mayor rotación. Además, se comprobó que prácticas como promover internamente o facilitar la movilidad horizontal fortalecen tanto la creación de valor para los accionistas como la estabilidad laboral.
La llegada de la IA introduce tensiones: algunas tareas serán directamente automatizadas, mientras que otras se verán complementadas con herramientas digitales. De acuerdo al Foro Económico Mundial, para 2030 la proporción de tareas realizadas por tecnología pasará del 22% actual al 34%, mientras que las ejecutadas exclusivamente por humanos caerán del 47% al 33%.
Ganadores sectoriales y la distribución del excedente
Counterpoint Global estima que la adopción de IA impactará de manera desigual según el sector. En industrias de bajo margen, incluso una expansión de 1,5 puntos en los márgenes (caso del sector industrial) puede significar un salto significativo en ganancias. En consumo discrecional, la mejora podría traducirse en un aumento del 28% en los pools de beneficios.
La gran incógnita es quién capturará el excedente económico generado por la automatización:
- Los clientes, a través de precios más bajos.
- Los accionistas, mediante mayores márgenes.
- Los empleados, si las compañías deciden reinvertir parte de las eficiencias en mejores salarios o programas de reskilling.

El informe ilustra esta tensión con un caso concreto: Shake Shack. Si la cadena de fast food redujera a la mitad el tiempo de preparación de un combo gracias a la automatización, podría bajar precios, aumentar salarios un 33% y, al mismo tiempo, mejorar sus márgenes del 20% al 25%.
Implicancias sociales y de inversión
El documento reconoce que, a diferencia de revoluciones pasadas (como la transición del agro a la manufactura), la velocidad actual del cambio es mucho mayor: los saltos tecnológicos ya se miden en meses y no en décadas. Esto obliga a repensar políticas de capacitación y movilidad laboral.
Para los inversores, el mensaje central es que los efectos de segunda orden de la IA serán los verdaderos generadores de valor sostenido. Identificar empresas con estructuras laborales aptas para capturar eficiencia, con culturas organizacionales sólidas y con capacidad de redistribuir parte de las ganancias hacia empleados y clientes será clave para anticipar los próximos ganadores.
En números, el informe calcula que, del excedente potencial, US$ 72.000 millones podrían ir a los consumidores, US$ 48.000 millones a proveedores y empleados, y US$ 87.000 millones quedarían en manos de las compañías.
El desafío para las empresas será equilibrar esa distribución sin desatender la licencia social para operar. Y para los inversores, mirar más allá de los fabricantes de tecnología: las verdaderas oportunidades estarán en quienes sepan transformar la IA en productividad sostenible.
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