Inflación baja y salario en pausa: el nuevo dilema argentino
La desaceleración de precios no se traduce en mejoras del ingreso. Los gremios presionan por aumentos mientras el Ejecutivo insiste en mantener las paritarias como ancla inflacionaria.

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La economía argentina atraviesa un momento de aparente calma: la inflación se desacelera, el Banco Central mantiene su compromiso de emisión cero y el gobierno celebra los primeros signos de orden macroeconómico. Sin embargo, en la calle y en los hogares, la sensación es otra. El salario —el termómetro más tangible del bienestar cotidiano— sigue sin mostrar señales claras de recuperación, y la tensión entre el Ejecutivo y los gremios crece con cada paritaria no homologada.
Un informe de la consultora Focus Market, dirigido por el economista Damián Di Pace, retrata con datos crudos la situación salarial actual: “Por primera vez en mucho tiempo, no hay inflación desatada ni aumentos salariales fuertes. Es un momento extraño para los argentinos”, señala. Y es que, si bien la inflación ya no galopa como en años anteriores, tampoco los salarios parecen seguirle el ritmo, ni siquiera en términos reales.
La pauta del 1% y la presión sindical
Desde el oficialismo, la línea es clara: los acuerdos salariales no deben superar el 1% mensual, con el objetivo de consolidar la tendencia a la baja en los precios y evitar que la puja distributiva reavive la inflación. Pero la cifra quedó rápidamente desfasada ante un marzo que sorprendió con un 3,7% de inflación, desnudando las tensiones con los sindicatos, especialmente en sectores como Camioneros y Metalúrgicos, donde la presión por paritarias libres es creciente.
“Para los gremios, la inflación sigue siendo una amenaza concreta al bolsillo; para el Ejecutivo, el salario no puede ser un motor de esa misma inflación”, describe Di Pace, sintetizando el dilema central del nuevo modelo económico.
Una recuperación despareja
Los datos del informe son elocuentes: la recuperación salarial no alcanza a todos por igual. Al analizar la evolución del salario real por sector (base 100 = nov-23), sólo el sector privado informal muestra una mejora significativa, con un índice de 132,6 en marzo de 2025. Sin embargo, esa suba responde en parte a un rebote estadístico frente a caídas muy pronunciadas previas. No hay, advierte Focus Market, una mejora estructural del empleo informal.

En contraste, el sector público permanece estancado, con un índice de 85,0, y el sector privado formal se ubica apenas por debajo del punto de partida, en 99,1. Comparado con el promedio de 2017, los salarios están muy por debajo: los informales caen 35,4%, los formales 25,3%, y las jubilaciones son las más afectadas, con una pérdida del 40,9% en términos reales.
Salarios en dólares: una brújula para expectativas
Uno de los indicadores más seguidos por el sector privado y la sociedad en general es el salario promedio medido en dólar paralelo. Según el informe, en junio de 2018 ese salario alcanzaba los US$ 1.548, pero cayó drásticamente durante la pandemia a US$ 679 en 2020. En 2025, si bien hay signos de recuperación (US$ 1.363 en mayo), el poder adquisitivo en divisas sigue por debajo de los niveles precrisis.
“La evolución del salario al dólar paralelo da cuenta de una caída estructural del poder adquisitivo en divisas, una referencia clave en una economía fuertemente dolarizada en precios y expectativas”, destaca Focus Market.
El dilema del modelo actual
El diagnóstico es claro: aunque el gobierno logra mostrar resultados en términos macroeconómicos —superávit fiscal, acumulación de reservas, caída inflacionaria—, el modelo económico aún no logra recomponer el ingreso real de los trabajadores. Y la tensión no es menor: en una economía donde el salario siempre fue el ancla de la percepción social, la falta de recomposición efectiva genera malestar, reclamos y riesgo de conflicto.
La recuperación salarial, señala Di Pace, no será automática ni homogénea: dependerá del crecimiento sectorial, de la reactivación de la actividad productiva y de un rediseño del esquema distributivo. “Si la macro ya está encaminada, se debería empezar a pensar qué hacer con la micro”, afirma. La discusión, entonces, se traslada al terreno político: las próximas elecciones legislativas podrían ser clave para habilitar reformas estructurales que permitan compatibilizar estabilidad con mejora del poder adquisitivo. Por ahora, el bolsillo sigue esperando…
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