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NEGOCIOS

Por qué el 95% de los proyectos de IA fracasa: el análisis de Juan Santiago

En un contexto de acceso masivo a la inteligencia artificial, el foco se traslada del “qué usar” al “cómo usarlo” con visión estratégica.

Por Agustin3 min de lectura
Por qué el 95% de los proyectos de IA fracasa: el análisis de Juan Santiago
Por qué el 95% de los proyectos de IA fracasa: el análisis de Juan Santiago

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La discusión sobre inteligencia artificial dejó de ser tecnológica para volverse, cada vez más, cultural. Esa es la tesis central que plantea Juan Santiago, presidente de Santex, quien advierte que el diferencial competitivo ya no pasa por el acceso a herramientas —cada vez más democratizadas— sino por el criterio con el que las organizaciones las utilizan.

“Hablar de inteligencia artificial en términos sectoriales es, hoy, un error de enfoque frecuente”, sostiene. Según su mirada, no son las industrias las que marcan la diferencia, sino las mentalidades. En ese sentido, identifica una constante entre los líderes mejor preparados: no necesariamente son quienes más se capacitan, sino quienes entendieron a tiempo que la digitalización es una inversión estratégica y no un costo.

Entre el entusiasmo y el temor

En el escenario actual conviven, según Santiago, dos visiones que obstaculizan el progreso real. Por un lado, la idea de una “IA ángel”, que resolverá automáticamente los problemas sin esfuerzo humano. Por otro, la “IA demonio”, que proyecta un futuro donde las personas pierden relevancia frente a las máquinas.

“Ninguna de las dos posiciones construye ventaja sostenible”, advierte. En cambio, el verdadero diferencial aparece en aquellas organizaciones que operan sin hype ni miedo, con una mirada pragmática. Esto implica invertir en arquitectura de datos, integrar equipos y construir información compartida.

“No hay inteligencia artificial sin datos, ni datos sin personas que decidan cómo utilizarlos estratégicamente”, resume.

El dato que alerta: fallan 9 de cada 10 proyectos

Uno de los puntos más contundentes del análisis es el alto nivel de fracaso en iniciativas de IA. Según Santiago, el 95% de los proyectos piloto no prospera. ¿La razón? No es la tecnología, sino la falta de dirección estratégica.

En ese marco, propone repensar el rol del liderazgo en tres dimensiones clave:

  • Dirección: el propósito y la visión siguen siendo responsabilidad humana.
  • Ejecución: la IA puede optimizar procesos, bajo supervisión.
  • Coherencia: el liderazgo valida identidad y sentido organizacional.

Casos concretos: del dato a la decisión

Lejos de lo conceptual, el ejecutivo ilustra su enfoque con experiencias reales. En una operación logística de oil & gas en Argentina, el problema no era la falta de información, sino su fragmentación. La integración de datos permitió reducir a la mitad los tiempos de planificación y anticipar incidentes críticos.

“El cambio más relevante no fue tecnológico, sino humano: los equipos pasaron de cargar datos a tomar decisiones estratégicas”, destaca.

En el sector agroindustrial, el desafío era cumplir con normativas europeas mediante trazabilidad completa. La solución no se limitó a aplicar inteligencia artificial, sino a diseñar una plataforma que garantizara datos verificables en toda la cadena. El resultado: trazabilidad total desde el campo hasta el puerto y una mejora concreta en la competitividad.

El verdadero cuello de botella: la cultura interna

El análisis también pone el foco en las resistencias dentro de las organizaciones. Especialmente en los niveles medios, donde el temor al reemplazo puede frenar la adopción tecnológica.

Mientras tanto, las nuevas generaciones impulsan el cambio con mayor naturalidad. Esta tensión, según Santiago, puede definir la velocidad —y el éxito— de la transformación.

De la ventaja individual a la compartida

En un contexto donde las herramientas están al alcance de todos, emerge una nueva regla de juego: la competitividad depende de la capacidad de construir valor colectivo.

“No existe ventaja real sin ventaja compartida”, sostiene. La colaboración entre áreas, la transparencia y la coherencia organizacional aparecen como condiciones necesarias para sostener resultados en el tiempo.

2026: el año del criterio

Tras un 2025 marcado por el entusiasmo y la sobreexpectativa, Santiago plantea que el nuevo ciclo exige madurez. “Si el 2025 fue el año del hype, 2026 es el año del criterio”, afirma.

La conclusión es clara: la inteligencia artificial no redefine por sí sola el futuro de las empresas. Son las decisiones humanas —estratégicas, culturales y organizacionales— las que determinarán quiénes logren capitalizar su potencial. Porque, en definitiva, el progreso digital sigue siendo, en esencia, progreso humano.

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← Volver a la portadaActualizada el 9 de abril de 2026